
Ninguna de las dos lo sabe pero sus caminos se encontrarán pronto. Ella, aún sin nombre, recorre los pasivos caudales de la ciudad, expuesta a la lluvia vespertina. Avanza sin sentir el agua congelada, por calles coloridas repletas de cafés puestos bajo la sombra de abedules. Mas tarde las calles se van tornando grises y humeantes, el olor que ella ignora es putrefacto y se debe a los desechos que reposan en el fondo del río.Tiempo aún mas tarde las calles ya han desaparecido y en los lechos polvorosos corren niños felices. El ambiente denotaría alegría de no ser por una niña que observa el movimiento del agua en cuclillas frente a su casa improvisada. Es ella, la otra, se dice a si misma eme y mantiene esta posición desde que la otra Ella emprendió su viaje cuando cayó del camión de la basura. Es decir, la está esperando pero ninguna de la dos lo sabe. Eme sostiene en su mano un corazón de cartón que le hizo a su madre. Ella se acerca, eme cierra un ojo para asegurarse que es lo que ella cree. Una sonrisa ansiosa se dibuja en su rostro, corre a zambullirse en el agua, la agarra del cabello, la mira de pies a cabeza, la abraza emocionada. Ahora tiene a quien entregarle su corazón sin ser rechazado.
las imagenes que se hacen en mi cabeza me recuerdan los diciembres que empacamos regalos y los llevamos a los niños y les regalabamos una sonrisa. A veces esos niños en esa pobreza y en esa realidad tan cruda y triste encuentran en nosotros alguien a quien poder entregarle su corazon roto. Nunca voy a olvidar la ida al hospital contigo, y estás muy invitada a volver este año. Me gustan mucho todos tus poemas.
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