sábado, 25 de abril de 2009

Algo un poco extenso quizás innecesario

Será justo empezar a escribir? Será hora de prender la bombilla y desafiar la pagina en blanco, aunque siendo sinceros es desafiar los propios alcances de la habilidad creadora. Será pertinente cuando la menta esta dominada por un vacío inclemente que lo unico que deja por concluir es que existen infinitas formas de combinar palabras con el fin de describir, apelar, direccionar, sustraer, discernir o cavilar y sin embargo se encuentra imposibilitada de hacerlo pues siente que el yo creador ha sufrido un accidente que lo ha dejado lisiado para ejercer su oficio, viene subiendo las escalera con muletas y reniega que asi no puede trabajar.
En esta circunstancias de apetito creador pero acompañado de una tajante mente en blanco vale la pena hacer un intento?
Seguramente es mejor morir en el intento a morir sin intentarlo asi que proseguiremos siempre que la mano goce de salud.
Sin animo de recrear historias con personajes incompletos, solo queda divagar en reflexiones caóticas que hacen alusión a la existencia o bien si es equivalente al ser. Sin embargo no se trata del ser demasiado conciente para separarse de la realidad y vivir en abstractismos. Sino del ser que no se fija minuciosamente en los detalles y actua inconsciente pero no atormentado. Es el ser impaciente y emocionado que somos todos mientras que el otro logra desentenderse y actuar imperturbable a los estímulos humanos.
Es evidente que me valgo de una contradicción siendo que la impaciencia y la emoción surgen de una plena conciencia de la realidad convencional. Es decir aquel que cree en la inmanencia del mundo tendrá que poner sus cinco sentidos en la realidad para sentir mientras que aquel inmutable pone sus sentidos en disfunción y si es viable siente con su imaginación.
Aclarado ese malentendido que valdría la pena crucificar a quien no se sintiera perturbado continuaremos con un zoom-in literario de las personas que “son” en el plano inmanente de la ciudad.
Desde una perspectiva superior las personas que de este relato hacen parte caminan todas en direcciones opuestas, pero si retrocedemos el tic-tac unos diez minutos, encontraremos que todas están en el mismo lugar. Una farmacia suficientemente grande para que ninguno de los tres se vea la cara. Ninguno de los tres sabe como conseguir lo que quiere y auque parezca increíble este tipo de coincidencias se dan todo el tiempo en los lugares públicos. Aquí sale a relucir la primera conjetura “ hay situaciones no solo comunes para todos sino inmortales en el tiempo”. El simple hecho de sentir inseguridad por el miedo a la opinión publica a de haberse repetido innumerables veces en la historia que me parto un rayo si no es cierto y hasta esta misma expresión ha de haber pasado por boca sino de todos de muchos con sus debidas variantes en el lenguaje. En este caso no todos tienen como propósito el mismo objeto.
La mujer que mas tiempo lleva en el lugar, cuenta sus pasos y ha decidido que en el paso ciento uno y pronunciara enfrente del hombre de las mangas cortas el nombre de la pastilla que el DIA anterior su amiga al teléfono le dijo que anotara. Va por el cincuenta. Mientras tanto, en la entrada un hombre de aspecto mayor se pregunto como se las arreglara para entrar en el ligar sin llamara la atención. Su pantalón que rea de color café al igual que el piso donde apoya sus pies esta tomando un tono rojizo oscuro. Como entrar sin dejar rastro si su sangre sale a borbotones como si el fuera un manantial. Como lograr que nadie llame una ambulancia si su cara es la del ultimo muerto desenterrado. Como comprar una venda, unos antibióticos y volver al trabajo como si nada hubiera pasado.

El ultimo hombre lee una revista pero esto no es lo que precisamente ha venido a hacer. Entre las hojas reposa una pequeña caja de laxantes. Su orgullo vacila entre perecer y renacer de las cenizas o huir cobardemente. Esta por decidirse. Doy pie a la siguiente conjetura que empieza a retumbar como une eco en una caverna. “ nunca entenderemos por que hacemos lo que hacemos” y si los sicólogos creen ser los únicos capaces de descifra la naturaleza humana están muy equivocados sino que respondan una pregunta “ cual es la necesidad de encasillar todos los comportamientos” a lo mejor y si estamos en nuestro DIA, nos regalan una retórica de cinco minutos de lo contario estaremos ahí hasta que la atención se distraiga y lo ojos se deslicen. Mas sin embargo ni el receptor, ni el propio interlocutor estarán satisfechos con la respuesta sencillamente por que no la hay, no existe ni es de este planeta. Asi como no existe la razon para que esta pobre mujer que ya va por el ochentavo paso no haya consultado primero a un doctor que le recetara lo mas fiable para acabar con la vida que lleva dentro. Tampoco hay razon para que nuestro hombre que se encuentra en los alrededores del delirio no haya ido a un hospital y pretenda seguir cavando huecos en la tierra con la misma pala que lo ha herido.
Ni mucho menos para que el otro hombre traído de la divina providencia no acepte que estos son procederes naturales del cuerpo mortal. Incluso el hombre de las mangas cortas se ha visto en la misma situación y de saber que alguien mas esta pasando por ello se compadecería y no haría otra cosa que recomendar la mejor forma de usarlos. Pero lastimosamente el penosa orgullo lo cegua de esto.
Podría ser que quien tome las riendas en esta y muchas otras situaciones sea la intuición y que esta a su vez se disfrace de vergüenza, miedo u orgullo para entrar en acción.
Volvemos al tiempo original en el que los personajes se encuentran en su recorrido de vuelta. A petición de los detalles del desenvolvimiento de la situación diré que: al paso numero 200 la mujer pidió las píldoras, el hombre de las mangas cortas la miro de reojo por su aparente corta edad, supuso que tenia alrededor de 15 años por mucho. El hombre mayor entro compro la venda y la caja de antibióticos y para cuando el de las mangas cortas se había dado cuenta de su estado, este no se encontraba ni cerca, sino plantando su ultimo geranio. El otro hombre opto por robar los laxantes, comprar la revista y desaparecer
Ahora para hacer completa no la historia por que esta nunca termina sino la supuesta reflexión de lo cotidiano habra que añadir una ultima conjetura. Cuando se presentan tres casos iguales y disparatados los tres han de finalizar de igual forma. Gracias al estado de sosiego de esta humilde escritora, los personajes terminara en paz consigo mismos. Al mujer que ahora sabemos era una niña tomo su píldora y no paso a mayores, talvez no lo vuelva hacer pero eso solo lo sabrá cuando le ocurra de nuevo. El hombre mayor recibió su paga completa y volvió a su casa un poco desalentado nada que el cuidado de una esposa no repare. El ultimo hombre al tomar sus laxantes olvido como los consiguió.

No hay comentarios:

Publicar un comentario