Me siento agotada, como si cada día fuera una piedra más sobre mi espalda. Ya no puedo seguir hablando en ese tono impersonal que simula un optimismo escondido en lo inmortal. Ya no puedo seguir escudándome en paredes de palabras que ni siquiera tienen vida propia. Mis sentimientos dejaron de ser actuaciones, hoy lo noté porque un silencio que desenterró mis lágrimas me recibió en la entrada. Era alegre y juguetón, pero tan cruel como una abeja sin alas. La luz me devora al penetrar en mi cuerpo arrinconado. Sólo necesito sumergirme en un cielo oscuro para perderme de vista....
Es otra noche para pasar inadvertida entre putas y ladrones. Otra noche para convulsionar en el balcón y retar la causalidad. Una cosa trae la otra. Dos cosas que me traerán? Vuelvo a mi rincón donde se tritura la ilusión y se resquebrajan los vidrios falsos del recuerdo. Las quejas se alejan como la lluvia reposada, ahora sólo queda una extraña fijación en la forma concatenada de los cuerpos inanimados y el misterio del número cero.
Ya sé amanecer en la esquina del castigo.
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