No revuelvas más angustias en fluidos intrínsecos.
No alimentes la carne anquilosada que ya no sabe a sal
con misericordias e ilusiones.
Entierra bajo estas tablas
la lástima que escurre tus párpados
y remueve del tapete los enojos
que has regado.
Expulsa el encurtido de raíces
y desazones que llevas dentro,
deja que lo pudra el viento que traspasa tu ventana,
deja que lo calcine un rayo en medianoche.
Sacude las lunas que la noche excreta
hasta desahuciar su memoria,
Aspíralas y siente como la sangre de sus cráteres,
satura de palpitaciones tu músculo atrofiado.
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