Rásgame los ojos cansados de ver
la escalinata corpórea de los aplausos.
Nunca más hubo un broche dorado
junto a mi ventana.
Ni el niño que corría
con la leche derramada. (Tal vez terminó en aceite)
Muerde mi voz que se empaña en el umbral.
Escúpela en trozos de papel quemado.
Ese fuego siempre aniquiló mis ansias acompasadas.
Soy tinta que debes borrar con un hilito de discordia,
diluir en un remolino de olvido,
secar con un sin fin de coartadas.
Cierne el cañon que suspira inocuo
por el amanecer que se fuga a negro.
Revuelve sus flujos impétigos
y haz que se libere en trayecto inverso.
Silencio en la autopista después de una explosión.
¡¡¡!!!
ResponderEliminarMuchas imágenes. Yo estoy ahí. Pueblo por fin algo esta noche. Mi desorientación tuvo un límite y encontró una salida, un desagüe, una cañería impoluta.
Gracias por hoy. Por esta madrugada desolada que comienza a disiparse.