
Arrastrada entre palabras inmortales,
Afanada por la silueta imborrable del tiempo,
La mañana entró suspirando:
“Quien quisiera ser Euricide para
ser rescatada entre los muertos”
Perdieron su encanto los olivos y
un témpano de hielo se apresuró
a caer sobre el corazón ablandado.
La inocencia nunca estuvo tan rebajada,
Creía en el causante repentino,
Como siempre la más ignorante.
No seas tan inocente Inocencia,
Tu sola creaste al mundo
Cargado de una abismal perdición.
No hay comentarios:
Publicar un comentario